Un táctico …
El bilardismo vuelve a sentirse en Nervión. La corriente futbolística asociada a Carlos Salvador Bilardo, basada en el colectivismo, el orden y la obsesión por el resultado, marcó una época en el Sevilla FC durante la temporada 1992-93. Aquel legado sigue muy presente en el barrio sevillano, especialmente en noches como la vivida ante el Deportivo Alavés.
En la previa del encuentro, la plantilla blanquirroja recordó una de las frases más icónicas del técnico argentino —“Los de colorado son los nuestros”— como símbolo de unidad y compromiso. Aunque el resultado final (1-1) supo a poco, la actitud del equipo representó fielmente esa filosofía competitiva.
Un planteamiento táctico condicionado por la expulsión
El técnico sevillista, Matías Almeyda, apostó por un sistema 5-2-3 asimétrico, dando entrada a Nianzou, Sow y Juanlu en el once inicial. En fase defensiva, el equipo llegó a cerrar con seis hombres, con César Azpilicueta liderando la organización atrás. En ataque, Juanlu actuaba como extremo y los delanteros intercambiaban posiciones en el costado izquierdo.
Sin embargo, el guion cambió pronto. El colegiado Iosu Galech, uno de los árbitros que más amonestaciones muestra en LaLiga, expulsó a Juanlu por doble amarilla en el minuto 15. “El partido tomó otro rumbo en el cual el orden fue fundamental”, explicaría después Almeyda.
Con uno menos, Sow se desplazó al carril derecho y Gudelj redobló esfuerzos entre la defensa y el centro del campo.
Resistencia y eficacia antes del descanso
A pesar de la inferioridad numérica, el Sevilla mantuvo su personalidad y jugó en campo rival, asumiendo riesgos atrás. Nianzou, que regresaba tras tres meses fuera, firmó una sólida primera mitad, dominando el juego aéreo y facilitando la salida de balón. Junto a él, Kike Salas volvió a destacar con doce despejes y un rendimiento imperial.
El premio llegó antes del descanso. Tras una acción inteligente de Maupay en un saque de banda, el balón terminó en los pies de Sow, que recortó, disparó y marcó su tercer gol de la temporada, adelantando a los locales y desatando la euforia en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
Empate y sufrimiento en la segunda parte
En la reanudación, el técnico del Alavés, Eduardo Coudet, agitó el centro del campo con tres cambios que empujaron al Sevilla hacia su área. El empate llegó en un saque de esquina, cuando Toni Martínez aprovechó un duelo favorable ante Suazo.
También Lucas Boyé rozó la remontada en varias acciones aéreas, evidenciando las dificultades defensivas de un Sevilla cada vez más replegado.
Ajustes tácticos y espíritu de supervivencia
Almeyda movió el banquillo para sostener al equipo: reforzó el doble pivote con Mendy, dio entrada a Ejuke e Isaac y alternó entre un 4-5-1 defensivo y un 2-4-3 ofensivo para acompañar a Akor Adams, demasiado aislado arriba.
El objetivo era claro: resistir y sumar. Incluso regresó Gattoni, que no vestía la camiseta nervionense desde diciembre de 2023, para reforzar la retaguardia.
Final polémico y comunión con la grada
El desenlace fue tan tenso como surrealista. En el minuto 86, Iosu Galech expulsó a Almeyda tras una indicación del juez de línea, generando desconcierto general. El técnico argentino pidió explicaciones mientras el estadio coreaba su nombre, en una escena que unió nuevamente a la afición del Sánchez-Pizjuán.
Entre tarjetas, interrupciones y un tiempo añadido interminable, el Sevilla defendió el empate “por lo civil o por lo criminal”. El 1-1 final no solo supo a punto de oro, sino que permitió ganar el golaveraje a un rival directo.
Orden, sacrificio y resultado por encima de todo. Bilardismo en estado puro en Nervión.

